Por mi parte, tengo esta sensación que uno experimenta cuando necesita contar algo, y no tiene a quién. Yo podría escribir muchas anécdotas, buenas y también, ¿por qué no?, malas. Pero vendrán después. Hoy sólo quiero tener fe en que podré convertir este espacio en algo más que una página o un diario...
Terminaré esta entrada primera con un fragmento de un poema que me agrada y espero que también sea disfrutado por aquel que se anime a leerlo. Es titulado "A estas horas aquí" de Jaime Sabines.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Hay pocas cosas tan ensordecedoras como tu silencio, adelante, comenta.