noviembre 10, 2011

Concursos de sentimientos.

Bien, esta entrada tratará de cómo algo tan "insignificante" para algunos, se convierte en motivo de mi tristeza el día de hoy. Este algo tiene un nombre, se llama concurso de la palabra, y es importante para mí desde hace un par de años, ya que me gusta participar y sobretodo debutar en la categoría de redacción. 
Resulta que este concurso se lleva acabo anualmente a mediados de noviembre, el año pasado, tuve no solamente la suerte, sino también la dicha y la gracia necesaria para ganar un primer lugar... Así que este año estaba entre mis planes repetir el campeonato, esta vez, en una escuela diferente a la que recién me incorporé, pero para mi sorpresa, no importa aquí si quieres concursar o no, basta con que el director te conozca para que decida mandarte al dichoso concurso. Particularmente, no tenía él el gusto de conocerme, ergo, cuando le pedí autorización para ser inscrita en el mismo, me fue absolutamente negado. Y a pesar de que le manifesté mi aptitud, mi interés y mi emoción, la respuesta siguió siendo la misma. 
Esto, literalmente me provocó un sentimiento inexplicable de tristeza, sin embargo, le deseé de todo corazón mi primer lugar a la persona que fuese en representación de mi nueva escuela. No obstante, esa sensación inefable no se compara en lo absoluto con lo que hoy sentí. Fue precisamente hoy cuando los alumnos representantes de cada categoría (ortografía, redacción, oratoria y declamación) concursaron, y alrededor de las 19 hrs. regresaron vitoreando sus victorias... y para mi malaventura, la persona que me quitó el lugar en el concurso, no quedó en honroso primero...
Saber que tú eres mejor que aquel que ocupa el lugar en el que anhelas estar, duele, y duele cabrón. -Conclusión aplicable a cualquier tipo de circunstancia-

noviembre 09, 2011

Comienzos

Empezar a escribir es fácil cuando se piensa con anterioridad el tema o bien, acontecimiento a desarrollar. 
Por mi parte, tengo esta sensación que uno experimenta cuando necesita contar algo, y no tiene a quién. Yo podría escribir muchas anécdotas, buenas y también, ¿por qué no?, malas. Pero vendrán después. Hoy sólo quiero tener fe en que podré convertir este espacio en algo más que una página o un diario...


Terminaré esta entrada primera con un fragmento de un poema que me agrada y espero que también sea disfrutado por aquel que se anime a leerlo. Es titulado "A estas horas aquí" de Jaime Sabines.



Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.

Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.